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Otro seudocentro btt

Hace unos días nos enterábamos de la apertura de un nuevo centro btt en la Comunidad Valenciana (tras el de L’ Orxa y Morella).

Estupendo, ya tenemos tres centros btt que aspiran, entre otras cosas y según la Consejera de Turismo, a dinamizar el turismo de interior. Lo cierto es que la idea es buena, pero mucho nos tememos que la realidad vaya a ser otra, pues como ya argumentábamos en una entrada anterior , tras el trabajo de base (diseño, señalización de las rutas, acondicionamiento del punto de acogida) el futuro del proyecto se abandonará a su buena suerte. Y por qué digo esto, por una sencilla razón: de los tres centros btt existente en la Comunidad Valenciana, de momento el único cuyo proyecto se desarrolló casi al completo fue el de L’Orxa, ya que tras su apertura se hizo un mínimo de gestión para su comunicación y venta. Por no tener, no tienen ni web propia. ¿Cómo piensan atraer al turismo deportivo? Desde luego no será con sus campañas de comunicación, sus excelentes páginas web llenas de información, su oferta turística y de servicios complementaria, la organización continuada de actividades, etc.

Hasta el momento, los centros btt de la Comunidad Valenciana son poco más que una compilación de rutas señalizadas con sus respectivos tracks. Y eso, en sí mismo, empieza a carecer de valor, ya que el público objetivo de estos centros (turistas deportivos) suelen ser en su mayoría usuarios de GPS, por lo que no necesitan de un centro btt para visitar una zona desconocida: ya tenemos a Wikiloc para encontrar rutas en territorios desconocidos.

En resumen, o se va más allá con la implementación y posterior gestión de los centros btt en nuestra Comunidad, o se convertirán en proyectos “humo” difuminados y olvidados por una costumbre muy arraigada en nuestra tierra: iniciar y anunciar proyectos a bombo y platillo, para luego caer en el olvido por falta de buena gestión.

Coge el móvil, ¿para qué?

En alguna entrada anterior hemos dejamos entrever la inutilidad que supone llevar un teléfono móvil cuando sales en bicicleta de montaña. Por carretera dependerá de la zona, pero si es de interior o alejado de un núcleo urbano importante, probablemente tampoco será útil.

La cuestión puede carecer de sentido en un blog como este centrado en la bicicleta, pero la seguridad es un tema directamente relacionado con una práctica como la nuestra. Más aún cuando uno de los elementos más importantes para reducir los efectos negativos de los accidentes de tráfico es el tiempo en ser atendido tras sufrir un percance. Las estadísticas muestran que en países como Alemania la baja mortalidad en los accidentes de tráfico se debe a que la mayoría de accidentados reciben asistencia en menos de veinte minutos, tiempo crítico para que el accidentado se contabilice como difunto o como herido.

Obviamente para ser atendido primero hay que avisar del accidente, y para ello el móvil es una herramienta esencial, especialmente en rutas de mountain bike donde la posibilidad de encontrarte aislado es muy elevada. Pero en España, y a pesar de las sugerencias de las autoridades que nos invitan a coger el móvil cuando salimos de excursión por la montaña y en otras situaciones, la utilidad del móvil es muy limitada ya que en nuestro país prima la cobertura de población frente a la cobertura geográfica, es decir, mientras las empresas de telefonía sólo se preocupan de cubrir los principales núcleos urbanos, la mayoría del territorio no tiene acceso a la telefonía móvil. Es cierto que de esa forma se da cobertura al 98% de la población como anuncian, sin embargo, se trata de población que no se puede mover (o sólo lo puede hacer de forma restringida) ya que en caso contrario pierde la cobertura. ¿Dónde está el concepto de movilidad? ¿No se trata de tener acceso a la telefonía con independencia de dónde estés? Si sólo vamos a tener cobertura en núcleos urbanos, ¿no era suficiente con las cabinas telefónicas? Probablemente se trate de supuestos límites, ya que es obvio que la telefonía móvil posee indudables avances en términos de conectividad social, pero desde nuestro punto de vista su utilidad se reduce notablemente.

En nuestro viaje por Suiza del pasado año, resultaba sorprendente comprobar que en las más remotas cimas tenías cobertura. Fueron contadas las ocasiones en las que nos encontramos sin red móvil. Este blog no es el lugar para analizar por qué sufrimos esta situación en nuestro país (privatizaciones erróneas, falta de competencia en el sector, menosprecio al consumidor, etc.), así que lo único que cabe decir es que no te fíes del móvil cuando salgas por la montaña, casi con toda seguridad que no te servirá de nada.

De todas formas, nosotros siempre lo llevamos encima, por si la diosa fortuna nos sorprende.

Como la vida misma

La bicicleta es como la vida: siempre hay que proponerse algún objetivo que nos motive y nos obligue a esforzarnos para conseguirlo.

Sirve cualquier objetivo por pequeño que sea, siempre que sirva para mejorar. Puede ser desde subir una cuesta que nunca has conseguido, bien por el desnivel o bien por la dificultad técnica, hasta coronar un gran puerto. Las dos opciones son buenas si consigues superarlas y demostrarte a ti mismo que puedes conseguirlo.

En nuestra anterior entrada os describíamos la consecución de un pequeño/gran objetivo personal como era la realización de una etapa de más de cien kilómetros en btt.

Se experimenta una gran satisfacción cuando has llegado a la meta y, pese a todo el esfuerzo y el sufrimiento, compruebas que lo has conseguido. En el momento en que logras tu objetivo olvidas todo lo sufrido anteriormente. Es hora de disfrutar del logro alcanzado.
Así es la vida, proponerte un objetivo y superarte para alcanzarlo. Una vez alcanzado hay que proponerse otro objetivo que te motive a seguir día a día.

Tanto en la bici como en la vida siempre llegan los días en que no ves posible conseguir ese objetivo que te has marcado, que no te veas capaz de ello. Aquí empieza la verdadera lucha y el verdadero esfuerzo. En creer que es posible, en saber que eres capaz y en esforzarte cada día. Sin esos grandes y pequeños retos que nos motiven no tendríamos ninguna razón para levantarnos cada día ni para saborear lo que nos ofrece la vida.

Al igual que es importante conseguirlo, también es importante saber disfrutarlo.

Y tú ¿ya tienes un objetivo?

127 horas: algunas lecciones

Esta semana hemos visto la película 127 horas basada en la historia real de Aron Ralston, un joven montañero que sufre un accidente en una de sus salidas, y hasta aquí puedo leer. No desvelaré el argumento y su desenlace por si alguien todavía no ha tenido ocasión de ver el filme, sin duda muy recomendable (6 nominaciones a los Oscar, incluyendo mejor película y mejor actor).
De la película se desprenden algunas lecciones que conviene tener muy presente en las salidas en bicicleta, especialmente las de mountain bike. A continuación os la comentamos:

No salir sólo. Esta es la primera y seguramente más importante lección. La montaña y en general la naturaleza nos ofrece experiencias increíbles, pero también estamos expuestos a peligros en muchas ocasiones despreciados. Disfruta la bicicleta con alguien más, tendrás ayuda cercana y te divertirás más. Si finalmente pedaleas en solitario, arriesga menos que cuando vas en grupo.

Informa a alguien por dónde vas a realizar la ruta. En caso de accidente, hay más probabilidades de que localicen.

Controla el tiempo. Estima la duración de la ruta y deja siempre holguras para posibles imprevistos: averías, accidentes, cambios en la ruta por vías cerradas, cambios en la climatología. Si la noche se te echa encima todo se complicará.

Kit de herramientas y botiquín. Seguramente todos los ciclistas llevamos el primero, sobre el botiquín ya no estoy tan seguro. No hace falta que llevemos un maletín repleto de medicinas. Unas toallitas desinfectantes, unos puntos de sutura de papel y una goma para un torniquete nos puede sacar de más de un apuro. Eso cabe en bolsillo del maillot.

No morirás de hambre, sino de sed y frío. El ser humano puede permanecer bastante tiempo sin comer, cerca de un mes. Pero sin beber no durarás más de tres, cuatro o cinco días. (Recuerda que nuestro cuerpo es básicamente agua). En cuanto al frío, la montaña y la noche son una combinación que puede resultar letal. Aunque sea verano, si te quedas aislado en la montaña el frío será uno de tus principales enemigos. Si te quedas aislado procura tener agua y abrigo.

No te fíes del móvil, al menos en España. Esta lección no se deriva de la película, sino de nuestra experiencia. A pesar de que las autoridades siempre recomiendan que lo lleves encima (nosotros lo hacemos) sirve de bien poco. En muchos pueblos de interior la cobertura es cuasi inexistente; cuando te adentras en el monte, mejor que te olvides del móvil. Pero de esto hablaremos otro día más tranquilamente.

Estas son algunas de las lecciones que hemos extraído tras ver la película 127 horas. Si no la has visto todavía, te recomendamos que no te la pierdas. Disfrutarás y extraerás tus propias lecciones.

De mayor quiero ser como Manfred

Este fin de semana nos han presentado a Manfred, una de esas personas que al conocerlas piensas: cuando tenga su edad quiero ser como él. El personaje en cuestión ronda los sesenta años, pero quienes lo conocen dicen que encima de la bici anda como si tuviera treinta años menos. Seguramente si lo vieras por la calle pensarías en él como una persona de la tercera edad, pero cuando lo ves con el traje de faena después de recorrer más de 100 kilómetros en una maratoniana etapa de btt, entonces sabes que a pesar de su edad, él todavía no pertenece a ese estrato de población. Sí, he dicho bien: una etapa de 100 kilómetros y 3000 metros de desnivel.

Manfred es uno de esos amantes de la bicicleta que no duda en pillarse un avión y venirse a España desde su Alemania natal para disfrutar durante tres o cuatro días de nuestra orografía. Nos cuentan que conoce el terreno tan bien como los lugareños, desde luego así lo parece cuando nos da algunas recomendaciones sobre el mapa topográfico que maneja como si se tratase del plano del jardín de su casa.

Este alemán de sonrisa fácil, entre delgado y enjuto, es de los que cala en tu interior, él personifica la idea de que la juventud no depende de la edad, más bien de las ganas de vivir. En su caso esas ganas son la pasión por la bicicleta, el paisaje y el descubrir nuevas rutas por un territorio que conoce y disfruta en cada pedalada.

Yo de mayor quiero ser como Manfred.