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Tracks Family: viajes btt para toda la familia

En una entrada de hace meses, hablábamos de las travesías btt para familias, aquellas cuyo diseño y recorrido están pensados para que puedan disfrutarlos toda la familia. Tracks Tour, empresa líder en la organización de viajes btt en nuestro país, apuesta por este formato en su nueva estrategia empresarial.

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Las fat bike & Gravity-Pyrenees

wibikes_6Que las fat bikes están de moda, no es noticia. Desde hace unos años las “bicis de ruedas gordas” son cada vez más utilizadas, lo que ya no es tan habitual es poder disfrutar de ellas en su entorno natural (arena y nieve). En esta entrada te proponemos una excursión por la nieve de Pirineos con Gravity-Pyrenees.
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Cicloturismo por Francia

El pasado mes de agosto estuvimos dando pedales por tierras galas. (Tan cerca que están y todavía no habíamos visitado a nuestros vecinos). Hacía tiempo (años) que no hacíamos cicloturismo del bueno, el de viajar durante varios días seguidos por un país desconocido y olvidando todas las cosas que nos abruman en el día a día. Fueron quince días desconectados del mundo, sin internet, televisión, periódicos, móvil, idiomas (nosotros no hablamos francés y los franceses no hablan inglés). Dos semanas para dejarse llevar por lo esencial, lo básico, prescindiendo de lo accesorio; solo pedales, naturaleza y un buen libro en las alforjas. ¿Será eso la felicidad?

A continuación os fotografiamos algunas claves de nuestro viaje.
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Tres días de btt y alforjas

De repente te preguntas cuándo fue la última vez que hiciste aquello que tanto te gustaba, y sin saber muy bien por qué, te das cuenta que hace demasiado tiempo. Eso es lo que nos ha pasado cuando hemos mirado atrás y hemos visto que hace más de dos años (desde la Transpirenaica) que no viajamos con la bicicleta de montaña y las alforjas. Así que hemos decidido ponerle remedio con un viaje corto, pero muy intenso.
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Transpirenaica en BTT: experiencias y comentarios (1ª Parte)

Como decíamos en la entrada anterior, en el verano de 2009 recorrimos aproximadamente la mitad de la travesía transpirenaica del Mediterráneo al Cantábrico. Fue un viaje de siete etapas entre Sant Llorenç de la Muga y Pont de Suert, en el que recorrimos 412 km con un desnivel acumulado de 12.000 metros. Sin duda una experiencia para repetir.

La ruta
El recorrido que seguimos es el que realizan muchos aficionados al cicloturismo, el propuesto por Jordi Laparra en su conocido libro La travesía de los Pirineos en BTT, del Mediterráneo al Atlántico por el Pirineo. Lo cierto es que se trata de una guía muy completa editada por Prames, que además de un detallado rutómetro, perfiles, descripción de cada etapa e información adicional para organizar el viaje, incluye una colección de mapas topográficos con la ruta indicada.
Nosotros decidimos realizar la travesía a la antigua usanza, es decir, sin GPS, guiándonos únicamente con el rutómetro y los mapas. (Qué lejos queda esa época) Lo cierto es que únicamente cometimos un error de orientación en lo alto de la estación de la Molina. Nos tocó descender un buen tramo a pie junto a la bicicleta. En esa misma etapa, tras reponer fuerzas en la Masella, afrontamos la subida al Coll de Pal por las pistas de la estación de esquí. Aquí creo que nos equivocamos nuevamente, pero nunca llegamos a estar seguros. Seguimos las indicaciones del libro, pero las rampas eran tan duras que dudamos si elegimos el camino correcto.
En cualquier caso, hoy puedes obtener multitud de tracks de la transpirenaica en internet que te evitarán este tipo de problemas. (Siempre que los tracks sean de fiar)
Como hemos dicho anteriormente, nosotros comenzamos la travesía en Sant Llorenç de la Muga, un pueblo que bien vale una visita por su belleza y estado de conservación. Decidimos evitar la primera etapa señalada en el libro, ya que pensábamos que no tenía demasiado atractivo esa primera parte, lo que nos confirmaron otros compañeros de fatiga que encontramos durante el recorrido.
El final del trayecto lo fijamos en Pont de Suert simplemente por una mera cuestión de planificación y, por qué no decirlo, de respeto: ignorábamos cómo respondería nuestro cuerpo ante este reto. No es que nos quedáramos con ganas de más, pero nos hubiera hecho ilusión completar toda la travesía. De todos modos, este año tendremos ocasión en la Transpyr.

La planificación
Dos cuestiones importantes a la hora de organizar un viaje de este tipo: a) el traslado hasta el punto de partida y desde el punto de llegada y b) los alojamientos.
Con respecto al primero, nosotros lo solucionamos con la ayuda de un amigo que nos llevó y nos recogió en automóvil. Así que este primer obstáculo lo salvamos fácilmente.
La cuestión del alojamiento fue algo más complicado, y aquí también entra el factor económico. Desde el principio descartamos el camping por dos motivos: nos obligaba a llevar más peso y preferíamos invertir en nuestro descanso. Al fin y al cabo era nuestro periodo de vacaciones y no queríamos sufrir más de la cuenta.
Encontramos establecimientos de todo tipo y presupuesto. Sin mencionar el precio, destacamos el hotel donde nos alojamos en Sant Llorenç de la Muga, el Torre Laurentii, una verdadera maravilla. La cena en la terraza interior son de esos momentos que uno siempre recuerda. El otro fue el hotel Guitart La Collada, un hotel de cuatro estrellas muy bien puestas. Sin embargo, hemos de confesar que cometimos un gran error al ubicar el hotel, ya que se encuentra a 18 km de distancia de Planoles, donde se suponía que terminaba la etapa. Además, los 18 km eran de subida, un magnífico puerto hasta la Collada de Toses. Casi derramamos lágrimas al percatarnos de nuestro error. También hay que decir que la recompensa fue total: un estupendo Spa y una opípara cena nos esperaban en el hotel. El resto de establecimientos no fueron dignos de mención. Algunos muy flojos, y es que la oferta de establecimientos a lo largo de la ruta no es tan amplia como a priori pensábamos.

En la próxima entrada (2ª parte) os hablaremos de más experiencias durante la travesía.

Alforjas

Nuestro primer viaje con alforjas coincidió con nuestro primer viaje cicloturista. Hicimos el Camino de Santiago y recuerdo la sensación de libertad que te produce llevar contigo todo lo necesario, no tener obligación de llegar a un punto concreto, ser como Forrest Gump y empezar sin saber cuándo acabar.

Con el tiempo hemos hecho muchos viajes con alforjas, y a pesar del peso extra que mueves, una vez te pones en marcha la diferencia de velocidad debido a las alforjas no es determinante para el disfrute del viaje.

Cuando hicimos la Transpirenáica notábamos más el exceso de equipaje por los comentarios de los demás ciclistas diciéndonos que llevábamos mucho peso, que por las propias alforjas. Tal vez debimos haber llevado menos cosas, pero siempre he pensado que algunas de las subidas que hicimos no las hubiera podido hacer de no ser por las alforjas, ya que en caso contrario hubiera derrapado.

El verano pasado decidimos irnos a Suiza y por primera vez contratar el traslado de equipaje (de eso hablaremos en la próxima entrada) con lo cual ya no llevábamos alforjas. Así, pasara lo que pasara, cada día había que llegar a la siguiente población de destino donde nos esperaba el equipaje. Por otra parte tengo que reconocer que el haberlo hecho con alforjas hubiera sido un suicidio, porque en Suiza, aunque la mayoría de los caminos ya están asfaltados, los puertos son largos y con bastante desnivel. En esa ocasión me alegré por la opción elegida.

De todas formas, pese al esfuerzo extra que tienes que hacer y las muchas veces que lo pasas mal pensando que no llegas al final, siempre he disfrutado de manera diferente los viajes con alforjas. Como si fueran más pausados y el hecho de no tener la obligación de llegar a un destino concreto (aunque en realidad tengas reservado todos los hoteles) te hicieran disfrutar más de lo estupendo que es realizar un viaje en bicicleta.