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Mapas y GPS en la btt

Antes de que existieran los GPS y, sobre todo, antes de que existieran páginas como Wikiloc, si querías descubrir nuevas rutas con tu mountain bike tenías básicamente tres opciones:
a) ir con algún amiguete que conociera caminos nuevos
b) comprar algún libro de rutas de bicicleta de montaña que incluía: el trazado de la ruta sobre un mapa rudimentario, los datos técnicos incluyendo un perfil y, por último, el elemento más valioso, el rutómetro, map road, libro de ruta o como queráis llamarle. Es decir, esa laboriosa sucesión de indicaciones que te guiaba con todo detalle sobre el terreno.
c) diseñar tu propia ruta con un mapa topográfico del Instituto Nacional Geográfico o del Ejército.

Personalmente, siempre hemos preferido la tercera opción, aunque nunca hemos renunciado a las dos primeras. De hecho acumulamos un gran número de libros de rutas, y es que para aquellos que nos gustan los libros, los mapas y diseñar rutas, estos libros no dejan de resultar atractivos.

Desde la aparición de los GPS y de páginas donde puedes compartir los tracks de las rutas, la situación ha cambiado radicalmente. De hecho ya no necesitas al típico amigo que, no sabes cómo, conoce un sinfín de rutas. Tampoco necesitas esos libros de rutas llamados a desaparecer. Y, por supuesto, no necesitas manejarte con cierta soltura con los mapas topográficos y hacer acopio de un gran número de ellos. Tan solo necesitas un GPS y descargarte el track que más te guste. Sigue leyendo

La aventura no es ir en bici (Diario de la Transpyr_2)

Ya estamos listos para empezar, aunque si lo estamos no es gracias a la organización de la Transpyr. Lamento que nuestra primera entrada una vez hemos tomado contacto directo con la Transpyr tenga que referirse a cuestiones extradeportivas. Pero son las 23.30 horas y acabamos de llegar al hotel tras una tarde y noche de nervios y tensión, justo lo que necesitamos para afrontar mañana la primera etapa de 125 km y 2.400 metros de desnivel. No quisiéramos sacar conclusiones de forma anticipada, así que esperaremos a que esta aventura termine para emitir una valoración lo más objetiva posible. Para no dejaros con la incertidumbre, solo deciros que la organización ha sido incapaz de cargar los tracks en los GPS Garmin, y finalmente hemos tenido que ser algunos participantes, entre los que se encuentra un servidor, los que nos hemos sentado en los ordenadores de la organización para solucionar el problema.

De momento el track de la primera ruta ya lo tenemos. Veremos qué pasa con los restantes. Por lo que se ve la aventura de la Transpyr no consiste en dar pedales y superar dificultades montañosas, la aventura consiste en averiguar cómo funcionan las cosas ante la falta de información y solucionar algunos problemas a la organización.

Confío que solo sea un mal comienzo y que el resto vaya sobre “ruedas”.
Mañana seguiremos informando.

Sin mapa ni GPS

Como se suele decir: la realidad supera la ficción. O, para quien lo prefiera: no pasan más cosas porque Dios no quiere. Eso es lo que pensamos en la ruta que os comentábamos en la entrada anterior. Los hechos sucedieron así.

Seis y media de la tarde de un día más que caluroso. Ascenso al último puerto de la etapa, el Pico de Espadán. El cansancio era más que notable y en nuestra cabeza solo una idea: llegar a lo alto para dejarnos caer, casi literalmente, hasta el final de la etapa.

De repente, a la altura del desvío que lleva a la fuente de la Parra (para los que conozcáis la zona) oímos una voz en la lejanía. Miramos y un hombre asoma por la vista que lleva a la susodicha fuente. Al principio pensamos que la cosa no iba con nosotros, así que seguimos dando pedales. El hombre volvió a gritar. Ahora, nos percatamos que se dirigía a nosotros. Desde nuestra posición le preguntamos qué sucedía, y el hombre respondió: no sabemos salir de aquí. Tras él, iban dos mujeres y tres niños de unos nueve años. En seguida nos dimos cuenta que realmente tenían un problema. Bajé hasta donde estaban y aquí empieza lo bueno.

El hombre me muestra un papel cuadriculado de pequeñas dimensiones, posiblemente arrancado de una libreta Enri, con unas pequeñas notas escritas a mano. Me informa que habían dejado el automóvil en una zona recreativa cuyo nombre yo no conocía, pero que imagine que se trataba que era la que está situada junto a la carretera que une Alcudia de Veo y Algimia de Almonacid. Me dice que no sabe cómo regresar allí. Consulto mi GPS, más para verificar que otra cosa, pues la solución era sencilla. Debía tomar la pista por la que veníamos nosotros la cual le llevaría hasta la carretera, y luego bajar hasta el área recreativa. El hombre me preguntó que si estaba seguro, pues había recorrido un tramo de esa pista pero había vuelto al no encontrar la carretera. Le digo que sí, pero que aún les quedan 3 o 4 kilómetros hasta la carretera. Luego otros tantos hasta el coche. El hombre y las mujeres me dan las gracias efusivamente mientras los niños parecían no darse cuenta de la angustia de sus mayores. Allí los dejé, más tranquilos y confiados tras haber encontrado la solución a un problema causado por su propia negligencia.

No les dije nada, tal vez debería haberlo hecho, ¿cómo se les ocurre salir al monte por una zona que no conocen, con la única ayuda de unas indicaciones dadas seguramente por un amigo? ¿Acaso pensaban que la montaña es como la ciudad llena de calles con nombres y señales y personas a las que preguntar? El hombre estaba siguiendo la ruta correcta, pero había llegado un momento que se había desorientado, y claro, sin mapa ni GPS, no sabía encontrar el camino correcto. Suerte tuvieron de cruzarse con alguien que pasaba por allí.
Una recomendación más a añadir a las que os propusimos tras ver la película 127 horas: si no conoces bien, pero que muy bien, la zona por donde vas a circular, no dudes en llevarte un mapa topográfico y/o un gps. Puede evitar que te metas en un buen lío.

Índice IBP

Imagino que la mayoría de vosotros, o al menos los usuarios de GPS en la bicicleta, ya sabrá lo que es el índice IBP. Para aquellos que todavía no lo conocen, unas breves notas.

El índice IBP es una puntuación que valora el grado de dificultad de una ruta recorrida en bicicleta de montaña o de carretera. Se obtiene analizando los datos de latitud, longitud y altura en multitud de puntos del recorrido. Estos puntos se obtienen del track grabado con el GPS, que los recoge de manera automática con una cadencia aproximada de 50 puntos por kilómetro en función de las variaciones del terreno y los cambios de dirección.
A partir de estos puntos se calculan las distancias recorridas en los diferentes tramos de subidas y bajadas (1%, 5%, 10%, etc.) se computan los porcentajes que representan sobre el total, los metros totales ascendidos, descendidos, los ratios medios de subida y de bajada, los kilómetros totales y la distribución de los tramos de subida. Se aplica una fórmula matemática estandarizada y se obtiene una puntuación entre cero e infinito. Esta puntuación es 100% objetiva ya que no tiene en cuenta ningún valor subjetivo, como pudiera ser: climatología, estado de forma físico o ritmo de carrera.

Por sí solo, el índice puede carecer de sentido, sin embargo, el índice es útil cuando comparamos diferentes rutas entre sí. Al no tener en cuenta factores subjetivos, el valor será significativo para cada persona. Si sabes que una ruta de valoración 70 es más o menos adecuada a tu nivel, entonces podrás tener una referencia a la hora de elegir otras rutas.

En definitiva, una sencilla forma de comparar rutas entre sí, y eliminar cualquier tipo de subjetividad basada en las preferencias de cada uno. Hay quienes prefieren los puertos largos y tendidos a los cortos e intensos, o etapas cortas y duras, a largas y llanas. Ahora ya no habrá discusión a la hora de determinar la dureza de una ruta.