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Cicloturismo por La Rioja, Euskadi y Navarra

Después de muchos años haciendo cicloturismo, el viaje de este verano ha sido el más cicloturista de cuantos hemos realizado hasta el momento. La razón es que la bicicleta y el turismo han estado igual de presentes, sin que ninguna de las dos actividades prevaleciera una por encima de la otra. Etapas largas, puertos de montaña exigentes, carreteras maravillosas, gastronomía, historia y arquitectura, paisajes y naturaleza, pueblos encantadores y hermosas ciudades, todo ello se ha ido mezclando en un viaje de cicloturismo puro. Sigue leyendo

Este verano también viajamos en bici

Se terminan las vacaciones, en la televisión empiezan los anuncios de coleccionables y material escolar, en nuestra cabeza surgen de nuevo las recurrentes promesas para el curso que empieza (estudiaré inglés, iré al gimnasio) y la rutina se va instalando poco a poco en nuestras desordenadas vidas veraniegas. Es en estos momentos cuando rememoramos nuestro viaje veraniego y, sí, este año también hemos viajado en bicicleta. Sigue leyendo

Alforjas

Nuestro primer viaje con alforjas coincidió con nuestro primer viaje cicloturista. Hicimos el Camino de Santiago y recuerdo la sensación de libertad que te produce llevar contigo todo lo necesario, no tener obligación de llegar a un punto concreto, ser como Forrest Gump y empezar sin saber cuándo acabar.

Con el tiempo hemos hecho muchos viajes con alforjas, y a pesar del peso extra que mueves, una vez te pones en marcha la diferencia de velocidad debido a las alforjas no es determinante para el disfrute del viaje.

Cuando hicimos la Transpirenáica notábamos más el exceso de equipaje por los comentarios de los demás ciclistas diciéndonos que llevábamos mucho peso, que por las propias alforjas. Tal vez debimos haber llevado menos cosas, pero siempre he pensado que algunas de las subidas que hicimos no las hubiera podido hacer de no ser por las alforjas, ya que en caso contrario hubiera derrapado.

El verano pasado decidimos irnos a Suiza y por primera vez contratar el traslado de equipaje (de eso hablaremos en la próxima entrada) con lo cual ya no llevábamos alforjas. Así, pasara lo que pasara, cada día había que llegar a la siguiente población de destino donde nos esperaba el equipaje. Por otra parte tengo que reconocer que el haberlo hecho con alforjas hubiera sido un suicidio, porque en Suiza, aunque la mayoría de los caminos ya están asfaltados, los puertos son largos y con bastante desnivel. En esa ocasión me alegré por la opción elegida.

De todas formas, pese al esfuerzo extra que tienes que hacer y las muchas veces que lo pasas mal pensando que no llegas al final, siempre he disfrutado de manera diferente los viajes con alforjas. Como si fueran más pausados y el hecho de no tener la obligación de llegar a un destino concreto (aunque en realidad tengas reservado todos los hoteles) te hicieran disfrutar más de lo estupendo que es realizar un viaje en bicicleta.