Este verano también viajamos en bici

Se terminan las vacaciones, en la televisión empiezan los anuncios de coleccionables y material escolar, en nuestra cabeza surgen de nuevo las recurrentes promesas para el curso que empieza (estudiaré inglés, iré al gimnasio) y la rutina se va instalando poco a poco en nuestras desordenadas vidas veraniegas. Es en estos momentos cuando rememoramos nuestro viaje veraniego y, sí, este año también hemos viajado en bicicleta.

Unos nos dijeron que si no teníamos suficiente bici tras realizar la Transpyr en julio. Otros lo pensaban mientras permanecían callados. Pero de igual manera que nadie deja de saborear una comida que le agrada, nosotros no renunciamos a disfrutar de aquello que nos gusta. Así que cambiamos la ligereza de nuestras btt por el peso de las alforjas en nuestras bicicletas híbridas, la velocidad media por el pedaleo tranquilo, y la tierra por el asfalto y la ciudad.

Viajar en bicicleta es muy distinto a hacerlo en otro medio de transporte y muy parecido a caminar. Todo sucede de forma más lenta, los paisajes duran más, las sensaciones (temperatura, luminosidad, sonoridad) se magnifican y se aprecian con más claridad frente a otros modos de transporte donde es imposible percibir el olor del bosque, o el sonido del agua correr cauce abajo mezclado con el de tu respiración mientras recorres una carretera solitaria.

Mientras pedaleábamos disfrutábamos del paisaje, del sosiego y la sencillez de nuestro viaje. Al contemplar la belleza de la naturaleza y ver la simplicidad de nuestra actividad me preguntaba si el mundo podría ser de otra manera, si podríamos haber construido otro mundo menos complejo. Cuando iniciamos el viaje, a principios de agosto, Estados Unidos estaba al borde de la quiebra por culpa de republicanos y demócratas, el cuerno de África agonizaba por una incomprensible hambruna y la prima de riesgo de la deuda española e italiana sufría los ataques de los especuladores. Al terminar el viaje el mundo seguía igual de alambicado, estresante y revuelto. Sin embargo, viajar en bicicleta te da otra perspectiva, una donde las cosas son más sencillas, donde la vida no parece tan compleja y donde los pequeños placeres aún perviven.

Tal vez todos deberíamos viajar en bicicleta alguna vez para darnos cuenta que existen otras formas de ver el mundo.

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