Pedales de libertad #bikehistorias

Pedales de libertad

Empezó emulando a Forrest Gump. Corría a pie sin saber muy bien por qué. Como si hiciera falta un motivo. Un día se dio cuenta que montado en una bicicleta el viento acariciaba su rostro con mayor ímpetu. Entonces continuó pedaleando hasta que todo cambió.

Pedaleaba a cualquier hora, cuando su desordenada vida le prestaba un hueco. En ocasiones rodaba antes del amanecer, cuando la penumbra se deshace y el sol se despereza por el horizonte. A veces, mayormente en primavera, esperaba a las últimas horas del día para sentir aquel placer.

Pedaleaba por toda la ciudad, sin ninguna ruta prevista, sin ningún destino marcado. Él solo pedaleaba. Circulaba por el asfalto y algunas veces por las aceras. Pedaleaba desde antes de que se pusiera de moda. Cuando ir en bici era de raros. Añoraba aquella época; nadie discutía por dónde debían circular las bicis. Nadie estaba interesado en regular una acción que solo competía a esnobs y perroflautas. Añoraba la época en que circular con bicicleta era un manifiesto de libertad.

De pronto un día ya no se podía circular por las aceras. Luego debía ir con casco. A la semana siguiente debía circular con un chaleco reflectante si el sol formaba un ángulo agudo menor de cuarenta grados sexagesimales con la calzada. Un mes más tarde debía matricular su bicicleta y pagar la correspondiente tasa. La misma norma establecía un plazo de seis meses para obtener una licencia de conductor de bicicleta de vía pública. Tiempo más tarde una nueva norma obligaba a contratar un seguro de responsabilidad civil por si atropellaba a algún animal de compañía. El Parlamento tenía previsto debatir la prohibición de comer chicle mientras se conducía un velocípedo, debido a que un estudio científico aseguraba que el movimiento de la mandíbula reducía la tensión en las manos y dificultaba la conducción.

Finalmente decidió comprarse un coche y abrir la ventanilla para sentir el aire contaminado en su cara. En ese momento comprendió por qué pedaleaba. Desde entonces añora los pedales de libertad.

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