Archivo por meses: julio 2011

Oh Capitán, mi Capitán (Diario de la Transpyr_10)

Oh Capitán, mi Capitán.
Nuestro azaroso viaje ha terminado.
Al fin venció la nave y el premio fue ganado.
Ya el puerto se halla próximo,
ya se oye la campana
y ver se puede el pueblo que entre vítores,
con la mirada sigue la nao soberana.

Estos versos de Walt Whitman vienen a nuestra mente cuando damos las últimas pedaladas. En los últimos kilómetros nos acompañan las gaviotas sobre nuestras cabezas, como si festejaran la hazaña realizada. El sol, oculto durante la primera parte de la última etapa, también sale a recibirnos. La emoción de la llegada nos humedece los ojos y entrecorta nuestra respiración.

Hemos logrado nuestro objetivo y alcanzado nuestro sueño. Poco importa todo el sufrimiento, porque la satisfacción y la alegría entierra cualquier recuerdo doloroso.

La última etapa ha sido tan hermosa como la penúltima, y eso aumenta el buen sabor de boca con el que terminamos la Transpyr. San Sebastián, esa hermosa y europea ciudad nos recibe con los brazos abiertos. Sus gentes, buenos entendedores del esfuerzo y el sacrificio, nos animan al pasar por sus calles antes de cruzar la meta.

Ya se ve el final, quitamos un piñón, nos miramos a los ojos y sonreímos, nos acercamos y nos cogemos de la mano para cruzar la meta. La emoción y la satisfacción recorre nuestro cuerpo.

Todo el mundo nos felicita. Nos abrazamos a otros compañeros que han llegado antes que nosotros. La Transpyr ha terminado.

Wibikes lo logró. Atrás quedan los meses de entrenamiento y los más de 800 kilómetros. Solo queda la alegría y la satisfacción.

PD: Con esta entrada termina el diario de la Transpyr. En los próximos días y semanas os iremos contando diferentes aspectos sobre ella (lo mejor, lo peor, el presupuesto, los tracks, etc.) Gracias a todos por vuestro apoyo.

A un paso del final (Diario de la Transpyr_9)

Estamos a un paso de lograr nuestro objetivo. Hemos concluido la séptima etapa, la que nos ha llevado de Isaba a Elizondo. Sin duda la etapa más hermosa de cuantas hemos recorrido. Desde la salida hasta la meta el trayecto se podría calificar de paraíso terrenal. Quien no haya estado en la Selva de Irati debería encontrar un hueco en su vida para pasear o montar en bici por sus caminos oscurecidos por el follaje de sus elegantes hayas.

Ahora que solo queda una etapa, una extraña sensación recorre nuestro cuerpo. Deseamos llegar, no solo para cumplir nuestro sueño, sino porque el cansancio empieza a pasar factura. Pero al mismo tiempo que casi lo tenemos en nuestras manos (y piernas) cierto temor se apodera de nosotros a estas horas. Queda tan poco y hemos sufrido tanto (66 horas encima de la bici), que una avería de última hora podría echar por tierra todo el esfuerzo. Para añadirle más tensión, la última etapa no es ningún regalo: continuo rompe piernas (como las dos últimas etapas) con fuertes pendientes, y zonas técnicas que ponen en peligro nuestra media y dificultan cumplir con la hora límite de control.

Mañana mantendremos la misma estrategia de los últimos días: ritmo constante, paradas breves en los avituallamientos y pocos riesgos en las zonas muy técnicas para evitar caídas o averías que nos dejen fuera de la Transpyr.

Queda poco, pero el cansancio físico y psicológico es mucho. Han sido muchas horas dando pedales y muchos obstáculos (sendas, trialeras, descensos, terraplenes, etc.) a los que no estábamos muy acostumbrados y que nos han sometido a mucha tensión.

Solo esperamos llegar a San Sebastián y lograr nuestro maillot de Finisher que nos acredita como realizadores al completo de la Transpyr. Algunos pensaran que eso no tiene importancia, pero entonces, ¿qué lo tiene?

Héroes y cobardes (Diario de la Transpyr_8)

Desde nuestra atalaya se otea en el horizonte un mar de colinas y montañas, que ganaremos pedalada a pedalada sobre nuestras monturas. Y cuando no sea posible avanzar, lo haremos a pie. Ya saben cuál es nuestra consigna: persistir, y cuál nuestro objetivo: conquistar las playas de Donostia.

Esa podría haber sido la arenga para la sexta etapa, un recorrido cuyo perfil parecía las fauces de un cocodrilo a punto de engullirte. El concepto de rompe piernas debió inventarse por estos lugares. Además, la organización no satisfecha con ello, nos llevó por caminos que uno pensaría que nadie puede transitar encima de una bicicleta. Sin embargo, no deja de asombrar la capacidad del ser humano para realizar las cosas más increíbles.

Afrontar un reto de estas características supone aceptar, de forma implícita, que deberás hacer frente a situaciones no previstas o imaginadas. Aquí no hay vuelta atrás, cuando la ruta transita por una trialera “imposible” o una senda en la que uno de sus lados es un terraplén, no puedes decir: no, yo por aquí no. Algo te empuja a continuar a sabiendas de que vas a realizar una acción que nunca antes habías cometido. Ello supone un riesgo, sin duda. Pero los riesgos medidos te permiten mejorar. En nuestro caso particular, consigamos o no el objetivo de llegar a Donostia, habremos avanzado en nuestro proceso de aprendizaje como bikers.

¿Y cómo saber cuándo un riesgo es medido? ¿Cómo saber si la senda que desciende delante de mí es un riesgo controlado, si la debo bajar encima de la bici o debo echar pie a tierra? Es difícil responder a estas preguntas. Sólo sé que las locuras en ocasiones te convierten en héroe, pero no es menos cierto que los cementerios están llenos de ellos.

Dicen que los héroes son los que hacen la historia y los cobardes quienes la escriben. No creo que por aquí haya muchos de ninguna de las dos clases. Lo que hay es gente que controla mucho la bici y gente que sabe dónde está su límite. Aunque ni unos ni otros estamos exentos de sufrir un accidente.

Puestos a elegir, me quedo con escribir la historia, tomar riesgos controlados que nos permitan mejorar, y sufrir caídas de vez en cuando (tres en el día de hoy sin más consecuencias que unos buenos arañazos).

PD: Esta entrada ha sido publicada con un día de retraso debido a que en Isaba no había buena cobertura móvil para internet.

Etapa de transición (Diario de la Transpyr_7)

Si hemos terminado la quinta etapa, estamos en Jaca. Así funcionan las cosas, el calendario no importa, qué más da el día que sea. Lo único importante es que hoy hemos recorrido la quinta etapa y que quedan tres.

Ha sido una etapa de transición, es decir, relativamente sencilla y cómoda en lenguaje de la Transpyr. A saber: 100 km, 1900 metros de desnivel y un único puerto de 20 kilómetros. El descenso desde lo alto de Oturia hasta Senegüé se alargó durante 15 km por pista con mucho barro en algunos tramos, y una senda en la parte final de varios kilómetros muy bonita y aún más divertida. El resto de la etapa ha sido llaneando, con algunos repechos, por supuesto. Nosotros nos lo hemos tomado con calma, sabedores de que hoy no íbamos a tener problemas con el fuera de control. Además, con el tendón en fase de recuperación (asombrosamente va mejorando aunque aún lo tengo un poco hinchado) y, sobre todo, nuestros culos doloridos hemos preferido que realmente fuera una etapa de transición.

Todo ello nos ha permitido llegar pronto a meta (16.30 horas) tras ocho horas y media de pedaleo. Después de las etapas de 10 y 11 horas, es un lujo tener un buen rato antes de cenar para descansar, pasear y escribir la crónica del día.

Por último, hoy queremos agradecer todos los comentarios que estamos recibiendo durante estos días. Es muy gratificante recibir vuestros ánimos.

La Transpyr continua y Wibikes también.

Más allá del ecuador (Diario de la Transpyr_6)

Hemos llegado al ecuador de la Transpyr. Después de 4 días, 470 km, 12.000 metros de desnivel acumulado y, en nuestro caso, algo más de 41 horas encima de la bicicleta, ya nos han pasado todas las cosas que suelen pasar en este tipo de pruebas.

Calor, frío, lluvia, caídas, averías, lesiones, hambre, sed, subidas interminables, bajadas gratificantes y otras peligrosas, polvo, barro, terreno para los más bikers y para los menos, paisajes maravillosos, risas, conversaciones con otros participantes, alegría y satisfacción. Aquí se acumulan las sensaciones y experiencias muy rápidamente, casi sin parar. Es como vivir varias semanas dentro de una semana.

Lo que viene a partir de ahora es más de lo mismo, pero con más cansancio, más dolores, pero la misma ilusión por llegar al final y cumplir el objetivo. Como me comentaba un portugués esta tarde: solo una gran avería en la bicicleta me retirará, y aún así, persistiré. Como hizo un participante que al sufrir una avería cerca del final de etapa (varios kilómetros) se pusó a correr a pie para llegar a meta. Esa es la consigna: persistir hasta el final.

Pero no siempre se cumplen las voluntades de los hombres. En ocasiones los imponderables terminan venciendo, pero para entonces sabrás que has hecho todo lo que estaba en tu mano para evitarlo.

¿Será la maldita inflamación de mi tendón de aquiles un imponderable? Tal vez lo sea, pero de momento le voy ganando la partida a base de inyección, pastillas, crema, hielo en la zona afectada y pedaleando con mucha cadencia para no castigar el tendón. Hoy he pasado la etapa relativamente bien. Afortunadamente el dolor me vino poco antes del segundo avituallamento y tras descansar, aplicarme crema y meterme otro pastillazo (menos mal que no hacen control antidoping) he podido continuar sin más problemas. Mañana será otra historia.

Podéis ver una selección de las fotos que hemos ido tomando en nuestro Flickr