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Tour Divide: ¿por qué?

¿Por qué una prueba de mountain bike de 4418 kilómetros y más de 60.000 metros de desnivel? ¿Por qué una prueba sin asistencia donde todo depende de ti? ¿Por qué una prueba donde se considera un participante competitivo aquel que puede hacerla en unos 27 días a una media de 160 kilómetros diarios? ¿Por qué una ruta con tramos de más de 100 millas sin nada ni nadie? ¿Por qué una ruta que no tiene ganador, ni premios?

 

Tour Divide ¿Por qué no?

 

Alea iacta est (Diario de la Transpyr_1)

Como dijera Julio César al cruzar el Rubicón y desafiar al Senado romano, nuestra suerte está echada. Todo lo que estaba en nuestras manos para afrontar esta aventura lo hemos tenido en cuenta, ahora solo queda encomendarse a la diosa fortuna.

En estos momentos en que ultimamos nuestro equipaje, revisamos nuestras bicicletas y repasamos el listado de cosas obligatorias que nos exigen los organizadores de la Transpyr, no podemos evitar esa sensación de inquietud, mezcla de expectativa e incertidumbre ante tamaño reto personal.

También algunas dudas y temores asoman en nuestra cabeza: si la preparación habrá sido suficiente y adecuada, cómo responderá nuestro cuerpo a la acumulación de cansancio, si la climatología nos respetará y evitará el calor extremo, la lluvia o el frío, si nuestro ritmo será suficiente para no llegar fuera de control, o si la piel de nuestro trasero resistirá tantas horas seguidas sobre nuestras monturas.

Sensaciones y pensamientos que nos hacen sentir más animados y expectantes, a sabiendas de que sufriremos. Sin duda las dificultades te vivifican, curiosa contradicción. Únicamente aquellos que han experimentado alguna vez la sensación de la victoria personal al lograr sus objetivos, pueden comprender que vale la pena todo el sacrificio realizado. Pero eso no se puede explicar, hay que vivirlo y sentirlo en carne propia.

Ave, Caesar, morituri te salutant

Cosas que llevar a la Transpyr

Cuando descubres la existencia de la Transpyr piensas que se trata de una prueba deportiva de resistencia con tintes de epopeya. Más tarde, cuando decides inscribirte y comienzas la preparación piensas en ella como un reto de superación personal, algo intrínsecamente ligado al deporte. Hasta aquí todo entra dentro de lo normal.

Sin embargo, al igual que no basta con completar cada etapa, hay que hacerlo a un determinado ritmo según os contábamos hace unos días, hay ciertos elementos que indican que se trata de un evento con cierto grado de aventura, por no decir de supervivencia. Estas señales provienen de algunos de los materiales que los participantes debemos llevar obligatoriamente durante la marcha. Y no me refiero al casco, prenda de abrigo o el kit de reparación básico. El material que levanta sospechas es la luz de emergencia frontal y trasera, chaleco reflectante, silbato y manta térmica.

Al ver estos artículos uno empieza a preguntarse en qué lío se ha metido. Lo de las luces y el chaleco reflectante tiene su lógica, después de todo en alguna etapa se te puede echar el tiempo encima (aunque el solsticio de verano queda cerca y el día alarga mucho) o podría hacer falta en alguna carretera o túnel que vayamos a transitar. Sin embargo, el silbato y la manta térmica son más sospechosos. Como la mayoría sabe son artículos que se recomienda llevar en caso de perderse en la montaña; el silbato para que te puedan localizar y la manta por si no lo hacen y tienes que pasar la noche a la intemperie. Así que uno se pregunta si la organización no será un poco exagerada. Y en caso de no serlo, si estamos ante un evento deportivo de superación aventurera y supervivencia (¿me dejo algo?).

Lo cierto es que no creemos que nos vaya a hacer falta todas estas cosas. Ahora mismo lo que más nos preocupa es si deberían ampliar el tiempo para realizar la etapa, pues con todo lo que hay que llevar a cuestas, la media de 10 km/h paradas incluida se antoja algo más difícil. Pero para qué están los retos sino para superarlos.

Una última cosa que la organización obliga a llevar durante las etapas: un móvil. Esto puede resultar incluso sarcástico. ¿Qué utilidad puede tener un móvil si en nuestro país la cobertura fuera de las ciudades (he dicho ciudades, de los pueblos ni hablamos) es casi inexistente? De esto ya hablamos en una entrada anterior.

Preparando la Transpyr 2011

Los que nos seguís a través de nuestro blog, ya sabéis que estamos preparándonos para afrontar el próximo mes de julio el reto de la Transpyr.

Antes de inscribirnos estuvimos leyendo detenidamente las condiciones de participación. No sólo por el hecho de que la inscripción supone un desembolso económico nada despreciable (685 € más extras) sino porque la ruta es lo bastante exigente de por sí, como para tener que hacer frente a otro tipo de exigencias que dificultaran más aún su culminación.

Pues bien, efectivamente el reglamento de la prueba incluye una norma que aumenta el nivel de exigencia: todos los participantes tienen que ser capaces de rodar a una media superior a los 10 km/h paradas incluidas.

Hacer una media superior a los 10 km/h no es demasiado complicado para un aficionado medio, ahora bien, si la media incluye las paradas (avituallamientos, averías, algún error de orientación, pequeños percances, algún que otro descansito para recuperar el resuello, etc.) entonces la media ya no es tan holgada. Además, hay que pensar que una etapa de cien kilómetros y dos mil metros de desnivel la haces sin demasiados problemas, dos también, pero tres, cuatro… y así hasta ocho, no está tan claro.

Por otra parte es lógico que pidan esa media, pues una etapa de ciento veinte kilómetros a esa media significa que necesitas 12 horas para completarla, saliendo a las 8 de la mañana, llegas casi a la hora de cenar.

Actualmente en las etapas preparatorias que estamos haciendo nos salen medias entre 11 y 12 km/h, lo que nos da un margen de tiempo antes del cierre de control que oscila entre sesenta y noventa minutos. Eso sin averías y percances significativos.

Confiamos en poder aguantar ese ritmo pasado el ecuador de la prueba, donde el cansancio y la capacidad de recuperación serán factores determinantes.

La Transpirenaica en BTT: cinco motivos para intentarlo

En el verano de 2009 recorrimos en mountain bike la mitad esta famosa cordillera. En la bici, como en la vida, cada uno encuentra la motivación en grandes o pequeñas cosas, así que poco importa qué nos empuja a dar una pedalada más, lo importante es disfrutar intentando conseguir nuestra meta particular. Conseguirla solo es una consecuencia.

Aquí van cinco motivos por si todavía tenéis dudas o para que empecéis a planteároslo.

Pirineos: el gran referente de la Península Ibérica. No todos los países pueden contar en su orografía con una cordillera montañosa de la magnitud e importancia de los Pirineos. Salvo los Alpes, probablemente se trate de las montañas europeas más atractivas para este tipo de actividad.

El entorno natural. Realizar esta travesía significa recorrer un entorno natural tan espectacular como variado. Desde el bosque mediterráneo a los pastos y vegetación alpina, pasando por zonas de flora continental. Sin olvidar la placentera y constante presencia del agua en fuentes y ríos.

Reto deportivo y personal. La historia del hombre es una continua superación de retos impuestos por él mismo. Nadie nos obliga a ello, sin embargo, el afán por alcanzar nuestras propias metas y saborear la satisfacción de haberlo logrado, nos impulsa hacia este tipo de aventuras.

Compartir vivencias. Probablemente sea una de las sorpresas más gratificantes de esta travesía, al menos para nosotros lo fue: el gran número de gente con la que compartes el recorrido y el esfuerzo. Sin llegar a la masificación del Camino de Santiago, seguramente tendrás la oportunidad de disfrutar de la camaradería de otros atrevidos ciclistas.

En verano, al norte. Tal vez otros digan lo contrario: en verano, al sur. Todo dependerá del lugar de procedencia, en nuestro caso del levante español. Pirineos ofrece un clima bastante benigno para la práctica del ciclismo cuando la canícula veraniega aprieta. Así que es una buena opción. Con todo, no hay garantía de no sufrir los caprichos de la climatología durante la travesía: calor sofocante, frío, lluvia, niebla…

Como decíamos al principio, son cinco razones tan válidas como cualquier otra. Lo importante es que cada uno encuentre la suya. ¿Tú ya tienes la tuya?

En la próxima entrada os contaremos cómo fue nuestra experiencia.

Desempleo, bici y esperanza

Ayer se publicó la encuesta de población activa (EPA) con el triste record histórico de parados en nuestro país, rozando los 4.700.000 Con estos datos resulta difícil no tropezar con un parado allí por donde vas.

Hoy hemos hecho una ruta cerca de casa con las híbridas, el pronóstico del tiempo no permitía grandes planes. A mitad de recorrido hemos coincidido con otro ciclista en lo alto de un puerto. Tras intercambiar algunas palabras, el hombre nos ha comentado que tiene previsto viajar en bici desde Valencia a Santiago de Compostela el próximo mes de marzo, añadiendo a continuación: voy a aprovechar, ahora que estoy en paro. Ante el anuncio hemos tratado de responder con naturalidad, pero sabes que no va a tener fácil dejar las listas del INEM, por la coyuntura y por su edad.

Sin embargo, en el fondo había algo en él que invitaba a cierto optimismo, o, al menos, no al derrotismo que una situación como esa puede acarrear. Es una persona que se ha marcado un nuevo objetivo, realizar una larga ruta en bicicleta, que no le solucionará el problema del desempleo, pero que le permitirá seguir adelante y mantener su autoestima (ese bien tan preciado cuando estás en paro). Podría haber sido otro el reto, pero en su caso la bicicleta se ha convertido en ese clavo donde aferrarse y continuar adelante. En definitiva, un símbolo de esperanza.

Le deseamos suerte en su aventura ciclista y una corta estancia en la listas del INEM.