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¿Un Mc’Donalds en el monte?

Alguna vez hemos bromeado que el día menos pensado tras subir un collado nos encontraremos un Mc’Donalds en medio del monte. Y es que resulta difícil adentrarte en la montaña con la intención de alejarte del mundanal ruido (y de todo vestigio de civilización) y no toparte con restos “deslocalizados”, por usar un término económico tan de moda y con tanto sentido.

Lo más frecuente es encontrarte un neumático de automóvil o tractor abandonado, aunque de vez en cuando también descubres alguna cámara de bicicleta (también hay traidores entre los nuestros). También te puedes tropezar con un automóvil oxidado, un remolque frigorífico en medio del campo, una caseta de helados prefabricada reconvertida en punto de encuentro de cazadores, cartuchos de escopeta (¿tanto costará recogerlos?), o, como se observa en la foto, un botiquín.

Allí están todos esos elementos, fuera de lugar, desorientados, en un entorno que no es el suyo. Imagino que se sentirán como cuando vas a una fiesta con la vestimenta inadecuada: con ganas de regresar a casa (la ciudad).

Cuanto más recorres el monte más cuenta te das de nuestra capacidad para contaminar, alterar y menospreciar nuestro entorno.

Ah, ¿el botiquín estaba lleno o vacío? Tendrás que abrirlo para descubrirlo.

Btt, Canadá e impacto económico

En una entrada anterior hablábamos de cómo los centros btt pueden ser un elemento importante de desarrollo económico para algunas zonas rurales. En ese artículo también señalábamos cómo muchas de esas iniciativas quedan inacabadas, lo que resta gran parte de su potencial dinamizador.

En otros países más adelantados que el nuestro, esto lo tienen bastante claro. Así, en 2006 la Asociación de Turismo de Bicicleta de Montaña del Oeste de Canadá ya realizó un estudio del impacto económico que suponía esta actividad sobre North Shore, Squamish y la conocida Whistler. Los resultados (en dólares canadienses de la época. El cambio actual es 1€=1.30 $) hablan por sí solos:

El gasto directo que se dejan en estas regiones los turistas de la mountain bike, es decir, no residentes en la zona que viajan para la práctica de este deporte, ascendía por entonces a 10.3 millones de dólares canadienses. Esto generó un impacto sobre la renta (valor añadido) de la zona de 9.3 millones de dólares canadienses, y se generaron o mantuvieron 195 puestos de trabajo.

La importancia de estas cifras es mayor si consideramos que este impacto se produjo únicamente en 3 meses y medio de actividad, de junio a mediados de septiembre (la climatología de la zona condiciona fuertemente el periodo de actividad), y que se trata de un impacto producido por el funcionamiento de la actividad, no por la inversión inicial para crear toda la infraestructura, donde los impactos suelen ser mayores dadas las grandes cantidades de dinero requeridas en la fase de inversión.

Son algunos datos para ilustrar la importancia que puede tener llevar a cabo una correcta estrategia basada en el turismo activo, como por ejemplo, la bicicleta de montaña. Sin embargo, no hay que olvidar, como ya decíamos en nuestra anterior entrada, que no se trata únicamente de diseñar y señalizar un conjunto de rutas, sino que todo ello debe formar parte de un plan integral de desarrollo territorial y, por tanto, será necesario tener en cuenta otras dimensiones para que incidan efectivamente sobre el desarrollo de una zona. Estos elementos son: infraestructuras, marketing y sostenibilidad.

En definitiva, crear nuevos centros btt sin otras acciones que los apoyen y hacer estudios de impacto económico sobre la inversión inicial realizada, como tanto le gusta publicitar a nuestros políticos, sirve de bien poco. El objetivo debería ser trazar un plan de desarrollo de la zona tomando como eje dinamizador principal (o uno de los ejes) el turismo activo (mountain bike) e implementar un conjunto de medidas acordes para que los ejes o acciones principales tengan el efecto esperado.

Señalización del Camino del Cid a su paso por Valencia y Alicante

Las diputaciones de Valencia y Alicante se han comprometido a señalizar dicho Camino a su paso por estas provincias. Cuando se terminen estos trabajos se habrá completado la señalización de este itinerario cultural de más de 1.400 kilómetros. Aunque los tramos de Valencia (175 kilómetros) y Alicante (118 kilómetros) no cuentan con las señales oficiales del Camino podemos encontrar ayuda para recorrerlos en la página www.caminodelcid.org

Hace algo más de un año nosotros recorrimos un tramo de este Camino con bicicleta de montaña, el que va desde Tierzo (Guadalajara) hasta Montanejos (Castellón). Según nuestra experiencia, este recorrido está ideado para senderistas o para realizarlo por carretera, en bicicleta o con vehículos motorizados. Es cierto que la página web advierte, con bastante exactitud, qué tramos no son ciclables para la mountainbike. Pese a ello intentamos hacer el máximo de kilómetros siguiendo el itinerario señalizado para senderistas. El resultado fue que de un total de 209 kilómetros, 86 fueron por carretera.

El Camino del Cid es un itinerario turístico cultural basado en el personaje histórico Rodrigo Díaz y en la obra El Cantar del mío Cid. La ruta atraviesa ocho provincias españolas: Burgos, Soria, Guadalajara, Zaragoza, Teruel, Castellón, Valencia y Alicante. Se creó en 2007 con motivo de la conmemoración de los 800 años del Cantar.

La idea de crear el Camino del Cid nació de la Diputación de Burgos y fue en San Pedro de Cardeña donde se fundó el Consorcio compuesto por las diputaciones de las ocho provincias por donde discurre el camino. En 1996 la Diputación de Burgos propuso la idea de habilitar un camino senderista que uniera Vivar del Cid con San Pedro de Cardeña. Este itinerario de 18 kilómetros es el origen del camino actual.

A lo largo del Camino nos encontramos con Patrimonios de la Humanidad como la Lonja de Valencia, el Palmeral de Elche o la Catedral de Burgos.

¿Carretera o montaña?

Como ya sabéis nuestros inicios en el mundo del cicloturismo fueron en bicis híbridas, pero hace ya algún tiempo empezamos a aficionarnos también a la bici de montaña, así que actualmente compaginamos ambas. Muchas veces nos hemos preguntado cual de las dos preferíamos y no hemos llegado a decantarnos por ninguna ya que ambas tienen sus ventajas y sus inconvenientes.

Queremos exponeros algunas de esas ventajas e inconvenientes y conocer vuestros puntos de vista.

Empezamos destacando el factor climatológico. No es lo mismo la sensación de frío por carretera que por montaña, ya que en esta última la velocidad es menor y, por tanto, se pasa menos frío. En este apartado también cabe mencionar el viento: en días ventosos se puede salir por la montaña sin mucho agobio. Así que en este aspecto la montaña tendría ventaja frente a la carretera.

Un factor muy importante de diferenciación entre ambas es la técnica. Las rutas de montaña requieren mayor técnica para poder circular por determinados tipo de terrenos. Esto no ocurre en las rutas por carretera.

Un elemento que se deriva del anterior es la peligrosidad. En ambas rutas existe peligro aunque sea de distinto tipo. En las de montaña el principal riesgo radica en sufrir una caída, algo mucho más probable que en carretera. Además, si se produce algún percance (mecánico, caída, desorientación, desfallecimiento, etc.) puedes encontrarte en una situación realmente embarazosa. Por su parte, en las rutas por carretera el principal peligro viene de los vehículos motorizados y su respeto por el ciclista.

Otro aspecto importante es el paisaje por las que discurren las rutas. Aquí englobamos la flora, la fauna, el paisaje y las vistas que encontramos a nuestro paso. Es cierto que existen carreteras muy bonitas y nada transitadas, pero, en general, en este aspecto la montaña supera con creces a la carretera.

En sentido contrario al anterior, podemos citar el patrimonio arquitectónico de muchas ciudades y pueblos. La carretera te lleva a descubrir poblaciones y lugares que las rutas por montaña no suele transitar. Dentro de este apartado podemos señalar que viajar con alforjas resulta más cómodo por carretera que por montaña.

Por último, mencionar un elemento que puede ser muy importante: encontrar ayuda. Sin duda, es más fácil hallar auxilio en la carretera que en la montaña ante posibles incidentes como decíamos anteriormente. Esto es algo a tener muy en cuenta para aquellos que les gusta pedalear en solitario.

Como decíamos al principio, nuestra valoración termina con un merecido empate, así que lo mejor es seguir disfrutando de ambas.

Vamos mejorando: las bicis en el metro

Parece que poco a poco nos vamos concienciando que cada vez más gente usa la bicicleta como vehículo de transporte. Esto es lo primero que he pensado al leer la noticia de los nuevos vagones para bicicletas en el Metro de Madrid.

Aún queda mucho para que podamos llegar a movernos libremente con la bicicleta por cualquier lugar tanto dentro de nuestras ciudades como entre ellas, pero por lo menos esta medida adoptada por el Ayuntamiento de Madrid nos llena de grandes esperanzas de que en un futuro esto sea posible.

En nuestros viajes en bicicleta por España y el extranjero siempre hemos tenido el inconveniente de cómo transportar nuestras bicis.

El principal temor en los viajes en avión es que la bicicleta no llegue a su destino, con lo que el viaje que tanto has esperado y planeado resulta imposible. Otro inconveniente es que debes adquirir una buena maleta rígida para la bici si quieres que te llegue en buenas condiciones o ingeniártelas para empaquetar la bicicleta con mucho cuidado (todos sabemos el trato que recibe el equipaje en los aeropuertos).

En el tren no mejora mucho este temor ya que puedes presentarte con tu billete en la mano y tu bici lista para entrar en el tren (tras largas consultas telefónicas para informarte de que se permiten las bicis) y que en ese momento no te dejen subir la bici.

Por este motivo, en los viajes que hemos realizado por el extranjero hemos decidido alquilar las bicis en el destino. Esto tampoco ha resultado muy buena solución. En nuestros primeros viajes a Holanda y Alemania las bicis que nos ofrecieron eran auténticos hierros, tal vez para ir por la cuidad a dar una vuelta pudieran dar su resultado, pero no eran bicis para hacer un viaje. En nuestro último periplo extranjero, este verano decidimos ir a Suiza en coche para poder llevarnos nuestras bicis. Pero tengo que deciros que en Suiza se pueden alquilar buenas bicis sin problemas. En todos estos países transportar las bicicletas en el tren no es ningún problema: siempre hay vagones diseñado para llevar bicicletas. En Suiza y Canadá (que nosotros hayamos podido comprobar) los autobuses metropolitanos llevan portabicis para que sus viajeros puedan combinar ambos medios de transporte perfectamente. Incluso se fomenta este tipo de turismo (ver ejemplo)

Que empecemos a tener vagones para las bicis en el Metro de Madrid nos da esperanza de que, tal vez, en poco tiempo también tengamos trenes (de cercanías, regionales, intercity,…) y autobuses preparados para el transporte de bicis sin ningún tipo de restricciones.