En la primera parte de este texto (entrada anterior) hablábamos de la ruta que seguimos y de la planificación de este viaje que realizamos en 2009. En esta segunda parte os comentaremos otras experiencias durante la travesía.
Puertos largos
¿Puedes imaginar puertos de montaña de 10, 15 o 20 kilómetros de distancia? Ahora intenta imaginar una ascensión superior a los 30 kilómetros ¿cansado con solo pensarlo? Así son las cosas en Pirineos, puertos tan largos que tu resistencia psicológica será casi más importante que la física. En general el desnivel de los puertos largos no es demasiado exigente, pero eso no quita para tener que afrontar puertos más cortos e intensos, con buenos repechos.
De todas formas, con un poco de preparación previa, el cuerpo se acostumbra a todo. En ocasiones te sorprendes de lo que el cuerpo humano es capaz de soportar, casi sin rechistar.
El peso de las alforjas
Siempre tenemos tendencia a introducir una prenda más en nuestro equipaje por si acaso… Os podemos asegurar que aquí os arrepentiréis si sois de esos. Al segundo día nos dimos cuenta de que nuestras alforjas llevaban exceso de equipaje: demasiado peso. Pero para entonces ya no había remedio.
Así que pensaros muy bien qué introducís en las alforjas. Si podéis prescindir de ello, hacedlo.
La climatología
En general el tiempo fue bastante bueno para la práctica de nuestro deporte, lo que no significa que tuviéramos que afrontar todo tipo de climatología. En la montaña el tiempo cambia con bastante facilidad, más aún si inicias la ruta a 600 metros de altitud y un par de horas más tarde te encuentras a 1.700 m. No es difícil que el tiempo en cada punto sea distinto, por lo que a pesar del tiempo veraniego, conviene tener siempre a mano un impermeable que te proteja del frío y de la lluvia. Nosotros padecimos de todo: lluvia, frío y mucho calor. En una ruta de varios días atravesando una cordillera montañosa como los Pirineos no puedes esperar otra cosa.
Compañía
Como os contábamos en la entrada de los cinco motivos por la que realizar la Transpirenaica en btt, nos sorprendió la cantidad de gente que también realizaba la travesía al mismo tiempo. Al igual que en el Camino de Santiago (aunque con menos aglomeración) se respira un magnífico ambiente de compañerismo, donde se comparte esta magnífica experiencia. Así igual te encuentras con un grupo de amigos que te cambian un radio roto sin pedir nada a cambio, como un par de simpáticos vascos que te alegran la ruta y te ponen en su blog.
Sin duda una experiencia que bien vale el esfuerzo que exige.


