Ante la gran acogida que ha tenido la iniciativa de alquiler de bicis en la ciudad de Valencia, ya solamente nos queda esperar que se continúe con la ampliación de carriles bici por toda la ciudad. Con ello se promovería que la gente usara la bicicleta como método de transporte de la ciudad y se evitarían muchos accidentes provocados por el hecho de que la bicicleta tenga que compartir, en demasiadas ocasiones, el espacio destinado a los coches. Hay que recordar que veintitrés de las calles y avenidas con más tráfico de nuestra cuidad siguen sin tener un espacio habilitado para ciclistas.
Valencia es una de nuestras mejores ciudades para el uso de la bicicleta debido, por un lado, a que es llana, lo que permite que cualquier persona, con independencia de su condición física, puede recorrerse toda la ciudad. Y, por otro lado, su clima permite disfrutar de la bicicleta durante todo el año. Pese a sus magníficas condiciones, la ciudad de Valencia no está entre las más avanzadas en el impulso de la bicicleta entre sus ciudadanos, a pesar de que sus autoridades se vanaglorien de haber habilitado cientos de kilómetros de carril bici. Esto se debe a la focalización de sus políticas en las infraestructuras, necesarias por otra parte, olvidando crear una cultura del uso de la bicicleta e implantando un conjunto de medidas en esta dirección. En este sentido, una primera actuación que debería tomar el Ayuntamiento de Valencia es adherirse a la Red de Ciudades por la Bicicleta, una asociación de más de 50 ayuntamientos, entidades municipales y diputaciones cuya finalidad es la generación de una dinámica entre las ciudades españolas con el fin de facilitar, hacer más segura y desarrollar la circulación de los ciclistas, especialmente en el medio urbano.
No se trata únicamente de dotar de carril bici una ciudad y ofrecer un servicio de alquiler a sus ciudadanos, se trata de desarrollar una cultura de la bicicleta que facilite su uso, dándole prioridad sobre otros medios e integrándolo con otros modos de transporte público. Nuestros gobernantes municipales deberían estudiar detenidamente ejemplos como el de la ciudad de Copenhague, pero de eso hablaremos otro día.
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¿Frío o sensación de frío?
Aunque es posible que en otras zonas de la Península Ibérica el frío ya sea un compañero de ruta desde hace semanas, por la zona del Levante parece que es ahora cuando nos llega la primera ola de frío invernal.
Es difícil determinar qué elemento climatológico es el peor para ir en bicicleta. Sin embargo, creo que habrá un gran consenso sobre la idea de que el viento y la lluvia son malos compañeros de viaje para los aficionados a la bicicleta. Con respecto a la temperatura la cosa ya no está tan clara, básicamente porque depende más de las características de cada persona. Los hay que prefieren el calor, aunque sea en exceso, y los hay que se sienten más cómodos cuando el mercurio se mantiene bajo. De lo que no cabe duda es que los extremos pueden resultar peligrosos.
Cuando circulamos en bicicleta, la temperatura, y el frío más concretamente, se convierte en un elemento muy volátil, ya que la sensación de frío que percibimos varía sustancialmente en función de la velocidad a la que circulamos. A continuación os mostramos un cuadro donde se puede apreciar la sensación térmica que percibimos a distintas temperaturas y velocidades. Como se puede observar (pincha sobre la tabla para ampliarla), a 30 km/h la sensación térmica disminuye en 10 Cº como mínimo.
Esta sensación se puede ver incrementada a su vez si estamos sudados o no llevamos las prendas adecuadas. Por ello, conviene recordar, sobre todo para aquellos que tienen menos experiencia, que la temperatura puede resultar un elemento traicionero, más si circulamos por zonas de montaña donde la climatología cambia con facilidad. En invierno es importante vestir con prendas de buena calidad y llevar suficiente ropa aunque haya que cargar con ella o resulte incómodo.
La cuestión es seguir disfrutando de la bicicleta a pesar del tiempo.
Regulación: sí, pero con moderación
Parece que el ciclismo urbano empieza a ser algo más que un fenómeno pasajero o una moda de unos pocos valientes o hippies. Y así es porque las distintas administraciones han empezado a regular distintos aspectos de esta práctica. Lo que en principio puede ser una buena noticia, ya que por fin las autoridades empiezan a tomarse en serio esta práctica, lo que se traducirá (esperamos todos) en mejoras de las infraestructuras para facilitar el uso de la bicicleta en nuestras ciudades, por otro lado, no deja de ser preocupante porque una excesiva regulación en este terreno puede acabar por desincentivar su uso.
Por un lado tenemos iniciativas como la de la DGT y ayuntamientos que han lanzado una campaña para informar sobre el uso de luces y reflectantes por la noche. Una de las poblaciones que han iniciado esta campaña es el Ayuntamiento de Alfafar. De momento esta campaña solo será informativa, pero a partir del próximo mes de diciembre pasará a ser sancionable para aquellos ciclistas que no cumplan con la normativa. Creemos que es una medida muy buena que logrará evitar muchos accidentes que sufren los ciclistas al circular por la noche sin ningún tipo de iluminación. Muchos de ellos piensan que al circular por la cuidad el alumbrado público es suficiente para ser vistos, lo cual es un error. Lamentablemente en ocasiones las sanciones son la única forma para que los ciclistas, y los ciudadanos en general, tomemos conciencia de la importancia que tiene para nuestra seguridad determinadas medidas.
Sin embargo, también hay otro tipo de regulación que, en lugar de incentivar el uso de la bicicleta o de intentar concienciar a sus usuarios de las precauciones que deben tomar, lo único que pretenden es poner trabas a su práctica. Un ejemplo lo tenemos en el Ayuntamiento de Valencia, quien también ha iniciado una campaña informativa para advertir de las nuevas ordenanzas que, entre otras cosas, prohíben atar las bicicletas a farolas y otro mobiliario urbano. No está mal intentar proteger el mobiliario urbano, aunque no parece que las bicicletas supongan una gran amenaza. Sin embargo, esta normativa tendría más sentido si al mismo tiempo, o con antelación, se dotaran las calles de suficientes aparcamientos de bicis para que los ciudadanos no se vean en el dilema de si coger la bicicleta o no, porque luego no podrán atarlas en ningún lado.
En definitiva, parece oportuno que comience a regularse en cierta medida el uso de las bicicletas en las ciudades, lo que significa que su uso empieza a ser importante. Sin embargo, esperamos que todo se haga con sentido común y mesura, no sea que un exceso de regulación acabe por impedir el desarrollo de una actividad que no tiene más que elementos positivos.

