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127 horas: algunas lecciones

Esta semana hemos visto la película 127 horas basada en la historia real de Aron Ralston, un joven montañero que sufre un accidente en una de sus salidas, y hasta aquí puedo leer. No desvelaré el argumento y su desenlace por si alguien todavía no ha tenido ocasión de ver el filme, sin duda muy recomendable (6 nominaciones a los Oscar, incluyendo mejor película y mejor actor).
De la película se desprenden algunas lecciones que conviene tener muy presente en las salidas en bicicleta, especialmente las de mountain bike. A continuación os la comentamos:

No salir sólo. Esta es la primera y seguramente más importante lección. La montaña y en general la naturaleza nos ofrece experiencias increíbles, pero también estamos expuestos a peligros en muchas ocasiones despreciados. Disfruta la bicicleta con alguien más, tendrás ayuda cercana y te divertirás más. Si finalmente pedaleas en solitario, arriesga menos que cuando vas en grupo.

Informa a alguien por dónde vas a realizar la ruta. En caso de accidente, hay más probabilidades de que localicen.

Controla el tiempo. Estima la duración de la ruta y deja siempre holguras para posibles imprevistos: averías, accidentes, cambios en la ruta por vías cerradas, cambios en la climatología. Si la noche se te echa encima todo se complicará.

Kit de herramientas y botiquín. Seguramente todos los ciclistas llevamos el primero, sobre el botiquín ya no estoy tan seguro. No hace falta que llevemos un maletín repleto de medicinas. Unas toallitas desinfectantes, unos puntos de sutura de papel y una goma para un torniquete nos puede sacar de más de un apuro. Eso cabe en bolsillo del maillot.

No morirás de hambre, sino de sed y frío. El ser humano puede permanecer bastante tiempo sin comer, cerca de un mes. Pero sin beber no durarás más de tres, cuatro o cinco días. (Recuerda que nuestro cuerpo es básicamente agua). En cuanto al frío, la montaña y la noche son una combinación que puede resultar letal. Aunque sea verano, si te quedas aislado en la montaña el frío será uno de tus principales enemigos. Si te quedas aislado procura tener agua y abrigo.

No te fíes del móvil, al menos en España. Esta lección no se deriva de la película, sino de nuestra experiencia. A pesar de que las autoridades siempre recomiendan que lo lleves encima (nosotros lo hacemos) sirve de bien poco. En muchos pueblos de interior la cobertura es cuasi inexistente; cuando te adentras en el monte, mejor que te olvides del móvil. Pero de esto hablaremos otro día más tranquilamente.

Estas son algunas de las lecciones que hemos extraído tras ver la película 127 horas. Si no la has visto todavía, te recomendamos que no te la pierdas. Disfrutarás y extraerás tus propias lecciones.

Cemento y vallas

En una entrada anterior hablábamos de lo difícil que resulta escapar de los restos de la civilización cuando te adentras en el monte. Por el contrario, no es tan complicado escapar de ella si llevas un móvil encima, pero de eso hablaremos otro día.

Retomando el tema de los restos humanos que te puedes encontrar en medio del monte, hay dos elementos especialmente dolorosos a mi parecer: caminos cementados y montes vallados. Respecto de los primeros hay que reconocer que todos los amantes de la bicicleta de montaña hemos agradecido, en alguna ocasión, que esa pista con fuerte pendiente y suelo descarnado por la lluvia estuviera cementada. Es cierto que eso nos ha permitido salvar la pendiente sin bajarnos de la bicicleta. Sin embargo, si tengo que elegir, preferiría que no se abusara de esta práctica que acerca el monte a la civilización y lo pone en peligro. Tengo la sensación que cada vez se hace mayor uso de ella. En ocasiones está justificado: facilitar el acceso a los puestos de observación desde donde se vigilan nuestros bosques. Pero en muchas otras ocasiones sólo se busca facilitar el tránsito por la montaña, como si del acceso a un centro comercial se tratara. El monte no es la ciudad, el que busque su comodidad, que se quede en ella.

Los montes vallados. Para el común de los mortales resulta difícil imaginar que un monte pueda pertenecer a un particular. Admitamos que toda la vida fue así y, por tanto, ¿cómo no lo van a tener ahora? Pero que tengan dueño no quiere decir que se le ponga una valla y se impida su paso como si de un chalet se tratara. ¡Cuántas veces hemos tenido que rediseñar nuestra etapa sobre la marcha al toparnos con una valla en medio del monte! ¿Y qué ocurre con la fauna allí encarcelada? ¿Le concederán la libertad condicional en algún momento? No sé qué es lo que motiva a vallar el monte, pero cualquiera que sea la excusa deprecia el valor de viajar sin rumbo.

No es fácil dejar atrás la civilización.

Desempleo, bici y esperanza

Ayer se publicó la encuesta de población activa (EPA) con el triste record histórico de parados en nuestro país, rozando los 4.700.000 Con estos datos resulta difícil no tropezar con un parado allí por donde vas.

Hoy hemos hecho una ruta cerca de casa con las híbridas, el pronóstico del tiempo no permitía grandes planes. A mitad de recorrido hemos coincidido con otro ciclista en lo alto de un puerto. Tras intercambiar algunas palabras, el hombre nos ha comentado que tiene previsto viajar en bici desde Valencia a Santiago de Compostela el próximo mes de marzo, añadiendo a continuación: voy a aprovechar, ahora que estoy en paro. Ante el anuncio hemos tratado de responder con naturalidad, pero sabes que no va a tener fácil dejar las listas del INEM, por la coyuntura y por su edad.

Sin embargo, en el fondo había algo en él que invitaba a cierto optimismo, o, al menos, no al derrotismo que una situación como esa puede acarrear. Es una persona que se ha marcado un nuevo objetivo, realizar una larga ruta en bicicleta, que no le solucionará el problema del desempleo, pero que le permitirá seguir adelante y mantener su autoestima (ese bien tan preciado cuando estás en paro). Podría haber sido otro el reto, pero en su caso la bicicleta se ha convertido en ese clavo donde aferrarse y continuar adelante. En definitiva, un símbolo de esperanza.

Le deseamos suerte en su aventura ciclista y una corta estancia en la listas del INEM.